disfrut(ann)do

Infierno.

"No pienso en la miseria
sino en la belleza que aún permanece."
- Anna Frank



A veces me gusta imaginar un mundo sin maldad, donde nunca tuvieron lugar infiernos como éste. Más de 14 millones de personas fueron asesinadas en sitio así. Por creer, por amar, por pensar, por tener opinión propia. Por nada. Personas con cara y cuerpo, con familias, pasiones, trabajos; con vida. Personas que fueron deshumanizdas y humilladas, obligadas a terminar muriendo.

Y no somos para nada conscientes de la barbaridad que eso supuso. No es un cuento, no es sólo un aparte de la historia, es realidad. La realidad de una ideologia que tenía como objetivo asesinar y tratar a otros grupos como si fueran herramientas de usar y tirar; la realidad de un pueblo que se beneficia de esta esclavitud y hace como si nada ocurriera; la realidad de unos prisioneros que pierden sus vidas y se convierten en simples números.



Y no es nada fácil. Creedme cuando os digo que no es nada fácil pisar el mismo suelo que esas víctimas, visitar los lugares donde murieron o entrar en el crematorio donde los convertían en ceniza.

Este viaje me ha enseñado mucho. He aprendido que la maldad humana a menudo supera unos límites y que es deber de todos y cada uno de nosotros parar los pies a estas injusticias. No podemos mirar hacia otro lado y dejar de preocuparnos, porque la historia nos pertenece. Durante todos estos días he sentido rabia e impotencia al no poder volver atrás y frenar lo que estaba pasando. Rabia por no comprender el por qué de los daños que se causaron y cómo argumentaron que eran correctos. Impotencia de saber que no fueron casos aislados y que la intolerancia y la humillación de las minorías sigue siendo un problema estructural. Muchas veces he sentido miedo de que vuelva a pasar, aunque está en nuestras manos saber ponerle fin. 



Todavía queda mucho por hacer para terminar de una vez por todas con estas ideologías. Tenemos que dejar de humillar, esclavizar y asesinar a quien no es como nosotros. Los campos de concentración se convirtieron en infiernos donde se deshumanizó a millones de personas, y es triste que, aún habiéndolo dejado un poco atrás, siga muriendo gente al no ser aceptada. Ojalá dentro de poco terminemos con las fronteras y nos sintamos con la libertad de creer, de amar, de pensar, de tener opinión propia. De todo.



Gracias a Pamela. Por ti

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: